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 Cuando miramos en retrospectiva, es mucho más fácil analizar qué piensan las personas al hablar de algo. En el momento puede pasar desapercibido, pero cuando nos paramos a hacer memoria y reflexionamos sobre el porqué de los comentarios que hacemos o que escuchamos, podemos descubrir lo que damos por sentado o lo que asumimos como justo. Podemos incluso ver cadenas hacia ideas. Podemos ver contradicciones. Podemos ver la ignorancia más atrevida y el lastre de una educación más cercana al franquismo que a la Europa moderna.

Semanas después del revuelo causado por los polémicos gestos de hostilidad entre miembros de la Familia Real que todos conocemos, y tras volver a la aparente normalidad del país respecto a la situación política, aún resuenan algunas quejas sobre aquel momento de tensión que vimos en televisión y en otros medios de comunicación y redes sociales. Lo que me llama la atención personalmente es el hecho de que esté bien criticar a un monarca, pero esté mal reivindicar los valores republicanos o sencillamente posicionarse contra la figura del Rey. Se nos llena la boca hablando de democracia, pero parece que necesitamos una excusa para poder hablar de nuestro descontento hacia una monarquía que nos vino impuesta por un dictador. No es nada personal, es que está feo que unos españoles tengan más privilegios que otros. Y ya no estamos hablando de la vivienda que posee una familia, a la que no podrán desahuciar jamás, mientras que al resto de los españoles sí nos pueden echar de nuestras casas. No estamos hablando de la ropa que estrenan todos los días o de las oportunidades que tienen de asegurarles un futuro a sus seres queridos. Creo que no es necesario hacer explícito todo lo que se nos ocurre al pensar en esos privilegios. Eso, y que tampoco quiero problemas judiciales.

Lo verdaderamente curioso es que nos indigne un gesto por parte de una persona hacia otra dentro de la propia Familia Real. Que podamos despacharnos a gusto en nuestro salón, o en la intimidad de las voces ajenas de un bar, hablando mal de personas a las que no vamos a echar de donde están, porque a pesar de que no nos gustan, damos por hecho que no se van a ir. Hemos perdido la fe en la democracia si realmente pensamos que nuestras ideas contra una institución no sirven para nada y que estamos solos. Y ellos han hecho bien su trabajo si pensamos que la monarquía es intocable y necesaria para nuestro país y su democracia. Han hecho bien su trabajo si nos indigna más que piten el himno que la corrupción a gran escala que tenemos en España. Lo han hecho bien, si al escribir esto me da miedo publicarlo por si corro la misma suerte que raperos como Valtonyc o Pablo Hasél, que lejos de ser conocidos por su talento, han llegado a nuestros oídos gracias a la Audiencia Nacional.

Viendo la suerte que tienen en otros países de poder expresar libremente sus opiniones en contra o a favor de la monarquía, siento una punzada de envidia. Y una parte de mí aguarda a que haya otro alboroto no deseado para poder sacar a relucir sus quejas. La otra parte aguarda a que no pueda haber otro alboroto. Os dejo imaginar por qué.

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