Psycho

@GuillePsycho

Puede sonar duro el titular, pero desde luego no es para menos, ya que aquel fatídico 2 de septiembre a las 19:30 se producía en Río de Janeiro se originó el incendio que devoró la totalidad de su acervo. Un museo de más de 200 años con más de 20 millones de piezas convertido en cenizas en su interior.

Nada queda. Ni los restos de Luzia, el fósil de ser humano más antiguo hallado en América Latina, ni la mayor colección de momias egipcias del continente sudamericano. Tampoco las llamas se apiadaron de la mayor biblioteca de antropología de todo el país. Son, como buenamente apuntaba el subdirector del Museo Nacional, 200 años de memoria, ciencia, cultura y educación perdiéndose tras el humo.

¿Pero cómo hemos llegado hasta esta situación? ¿Cómo el ser humano ha permitido que se quemara no ya un museo, sino un símbolo dentro de Brasil y un referente para la cultura de la humanidad? Para mí la respuesta siempre va unida a la política. Todo es política.

Y es que lo que parece simplemente un hecho que no deja de ser una desgracia, a falta de conocer los hechos que originaron el incendio, a mi como historiador me deja una sensación más amarga que la hiel. No es la primera vez que se ve un monumento o una institución cultural que agoniza por falta de medios que no proporcionan sus administraciones. Esto es lo que ha pasado.

Surfeando en internet y según el periodista José Pepe Lacayo, Brasil hace 4 años celebró la Copa Mundial de fútbol, un evento que paraliza los corazones de millones de personas en todo el mundo. El Estado de Brasil invirtió la friolera de 5.000 millones de dólares en poder acoger este evento, fue lo que se calificó como el Mundial más caro de la historia, ningún Estado hasta la fecha había invertido tanto dinero en realizar este mismo evento.

Y desde hace precisamente 4 años el Museo Nacional de Brasil no recibía integralmente los 100.000 euros que necesitaba para su manutención, según informes de la prensa brasileña. Ni tan siquiera tenía un programa de prevención de incendios, era algo que posiblemente iban a obtener en este, su 200 aniversario. Demasiado tarde ya para ese programa, el daño está hecho.

No, no le voy a cargar las culpas al fútbol, el fútbol no deja de ser 22 hombres corriendo en calzoncillos por un trozo de cuero; las culpas no dejan de ser, como siempre, de los políticos, porque ellos en sus decisiones han permitido que esto pudiera ocurrir. No hay dinero para acondicionar decentemente un museo pero sí que lo hay para realizar el evento de OCIO más famoso del planeta. Por eso cada vez que ocurre una desgracia por falta de medios, medios que reitero podrían haber sido proporcionados, no tengo miedo de señalar a los culpables. Michel Temer, presidente de Brasil, decía que sentía que era un día triste y trágico para la historia de Brasil y para los brasileños. Y se equivoca, no es solo para Brasil el daño, el daño es para todos, para toda la humanidad, pero es que además no siente remordimiento, ninguna pena desde su sillón mientras nosotros lloramos viendo como algo que podría haberse evitado ha destruido todo el interior de uno de los museos más importantes del mundo.

Simplemente han dejado morir a la cultura aquí, y por eso seguiremos de luto.

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