Cauto,
@CautoRamone

El pasado domingo 9 de septiembre se celebraron elecciones generales en Suecia, en las que se vio claramente cómo la extrema derecha, aglutinada en el partido Demócratas de Suecia, experimentaba un gran aumento de votos, otro claro ejemplo del auge de las fuerzas ultraderechistas en Europa. La formación subió cinco puntos con respecto a las anteriores elecciones y se ha consolidado como tercera fuerza con el 17,7% de los votos.

El Partido Socialdemócrata del primer ministro, Stefan Löfven, logró el 26,2%, y el conservador Partido Moderado, que se quedó en el 19,7%. A pesar del triunfo, el resultado es el peor obtenido por los socialdemócratas en su historia. Todo un varapalo para un partido que ha dominado la escena política el país escandinavo durante décadas.

Por bloques políticos, la coalición gubernamental que forman los socialdemócratas y los verdes, con el apoyo parlamentario del Partido de Izquierda, sumó el 40,6% de los votos, unas décimas más que la Alianza de centro-derecha, en el que destaca el partido de los Moderados, que obtuvo el 40,2%. Ninguno de los dos bloques logró la mayoría para formar gobierno, lo que ha convertido a los ultraderechistas en una pieza clave en el futuro inmediato de la política sueca.

Pero no sólo son una pieza importante en la política sueca, sino que, a pesar de que el partido ultraderechista tenga poca voz en el Parlamento Europeo, puede encontrar apoyos en muchas otras formaciones fascistas de la Unión Europea, ya que según varias encuestas realizadas por Reuters de recientes elecciones se sugiere que un bloque de extrema derecha podría crecer hasta un 60% en la Eurocámara tras las elecciones europeas de 2019. Eso dejaría a los políticos ultraderechistas con alrededor de una quinta parte de la Cámara.

La actual popularidad de los partidos ultraderechistas de la nueva coalición de Italia, Movimiento 5 Estrellas y La Liga, aumenta la posibilidad de que sus actuales bloques en Bruselas ganen tamaño. Sus perspectivas, y el auge de Alternativa para Alemania, que llevan dos semanas realizando concentraciones nazis y ‘‘cazas’’ de inmigrantes por la ciudad de Chemnitz, compensan la pérdida del campo anti-UE del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), cuyos 19 miembros se irán tras el Brexit, dejando un Parlamento Europeo más pequeño.

Si nos fijamos en los resultados electorales de los países europeos en los que la extrema derecha es una de las fuerzas más importantes, nos hacemos una idea del peligro que viene achechando de cara al futuro de Europa. El Frente Nacional de Le Pen consiguió un 33,9% de votos en la segunda vuelta para la presidencia de Francia el año pasado, Amanecer Dorado en Grecia controla 15 de los 300 escaños del Parlamento de Grecia, los neonazis alemanes de AfD controlan casi una séptima parte del Bundestag, el Partido de la Libertad de Austria gobierna en coalición con los democristianos. El último es el recientemente famoso Mateo Salvini, vicepresidente y ministro del Interior de Italia del partido fascista Liga Norte.

En España la extrema derecha no parece que vaya a llegar al Congreso pero desde hace un año, y sobre todo desde el referéndum catalán, hemos visto como la ultraderecha ha ido aumentando como por ejemplo el partido de VOX, que ha pasado de ser un partido del que mofarse a realizar manifestaciones de miles de personas y puede que consiga algún escaño de cara a las elecciones europeas.

Este es el panorama que le espera a Europa y la izquierda sigue sin organizarse, mientras hacemos bromas subestimando a los nazis e idealizando a otros países creyendo que persiguen la apología del fascismo/nazismo, pero está visto que hacen la vista gorda ante el auge del fascismo que se aprovecha de la crisis de refugiados de la que Europa es culpable, además de que parece que en los próximos años tendremos otra crisis económica que volverá a hacer temblar los cimientos de Europa y que aprovechará el fascismo para seguir aumentando si no los paramos.

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