Alex Fernández
alejandroferra95@gmail.com

Todo lector de diario cuenta con una mirada acostumbrada a la observación, cuando no el estudio, de los distintos acontecimientos que impregnan la vida política, sin embargo, en esta última, también puede predominar lo simbólico que, atendiendo a Zizek, puede ser la representación de estructuras psíquicas más complejas. Precisamente los primeros senderos abiertos por la administración de Sánchez se mueven en un terreno farragoso y al mismo tiempo útil, es el caso de la exhumación en el Valle de los Caídos o la recogida del Aquarius (tras el cual su política migratoria dio un interesado giro hacia el cierre parcial de fronteras), medidas estéticas, decisiones con cierta efectividad práctica.

El signo de tales medidas suelen contar con sello propio. Tras todo cargo público suele situarse una personalidad acostumbrada a moverse entre sombras, si bien es cierto que existen excepciones como es el caso de Roger Stone, la tónica dominante suele ser la opuesta, y así se produce actualmente en el sillón presidencial. En este caso, más bien es lo opuesto al acercarse a James Carville, antiguo asesor de Bill Clinton. La influencia de Iván Redondo, considerado por algunos el spin doctor de Pedro Sánchez permite ya atisbar las líneas maestras del hasta ahora asesor del Partido Popular en Badalona, donde trabajó para Xavier García Albiol –lo que lleva a contar con la losa de la controvertida campaña Limpiemos Badalona– y Extremadura, comunidad autónoma gobernada hasta 2015 por José Antonio Monago. Sin embargo, esto no se ha supuesto un escollo para asistir al histórico rival, el Partido socialista, diluyendo incluso en la táctica las escasas diferencias del bipartidismo. A continuación ofreceremos las que probablemente sean las principales vías trazadas en Moncloa para tratar de recuperar terreno ante un probable adelanto electoral, o al menos el agotamiento de la legislatura:

– Relevancia de la “cultura popular”: derivada de la concepción “clásica” del ejercicio político como tablero de ajedrez, pero a la vez marcando una impronta propia en la cual los peones son piezas imprescindibles en la partida, pueden ser los primeros en caer, pero sin ellos la partida no puede empezar, y también cuentan con la capacidad de finalizarla. Aunque se trate de una afirmación polémica, su centro de atención no es la ideología, sino la piscología. Las predicciones no resultan nunca fiables, pero en esta ocasión se parece atisbar una cierta aprehensión gramsciana del concepto de sociedad civil, un cuerpo social complejo en su composición, pero que se aspira a crear mediante la inoculación del sentimiento de participación ciudadana. Huelga decir que se trata de una sensación, no certeza, pero de lo que se trata es de restaurar la conexión entre representante y representado. La intencionalidad no es baladí, el hito de la Historia reciente marcado por el 15M –cuya magnitud está aún por discutir, especialmente en el largo plazo– supuso la externalización de la quiebra de la democracia representativa, de cuyo testigo sería Podemos su principal valedor. Sin embargo, su posición ha quedado estancada, y el PSOE aspira a recuperar este espacio a pesar de ser el partido afectado por aquellas demandas.

– Exportación del modelo de representación de la figura presidencial estadounidense: Kennedy, Clinton y Obama, todos presidentes demócratas, y entre cuyos rasgos estéticos se encontraban el dinamismo, vigor permanente, sencillez y, en el terreno de lo práctico, la acción por una mayoría social heterogénea, así como la inclusión de las minorías para evitar este efecto adverso en las distintas modalidades de democracia.

– Lograr la “conexión” con el votante que se presume de clase media como anticipábamos en el primer punto. He aquí su principal caladero. Lo que en jerga contemporánea se denominaría feedback, un nuevo estado de equilibrio. El idealismo forma parte intrínseca de esta táctica dado que, nuevamente, lo tangible de esta reconexión queda en entredicho ante la ausencia de una perceptible conciencia de pertenencia a dicho cuerpo social, dicho de otra manera, aún queda por resolver una definición fidedigna y rigurosa de clase media. Programas como Moncloa abierta, a pesar de no suponer una modificación clara de las condiciones materiales permiten trasladar una imagen de apertura ante el potencial electorado, siendo otro ejemplo que, aunque minúsculo, sirve para percibir esta orientación, y es la apertura de ventanas en el mismo Palacio de Moncloa como plano durante la entrevista con Ana Pastor.
El resultado se ha traducido en la última encuesta del CIS, publicada en agosto, pues permite anticipar una recolocación de las cuatro principales fuerzas políticas donde el PSOE recupera rédito electoral, principalmente en el espectro de la izquierda, aunque sea necesario advertir de la alta posibilidad del efecto “luna de miel”. No obstante, se debe tener presente que se trata de un asesoramiento ligado al conocimiento previo de la experiencia parlamentaria estadounidense donde la elección separada del legislativo con respecto al ejecutivo y su mayor renovación en sendas cámaras, Senado y Cámara de Representantes, hace necesaria la articulación de mayorías incluso entre los representantes del mismo partido. Algo de lo que se dio buena cuenta al terminar el mandato del anterior presidente, Mariano Rajoy, mediante un mecanismo que hasta ahora no había prosperado, la moción de censura. La suma de actores, aún cuando sean minúsculos, requiere de una mayor agilidad.

Por su parte, Pablo Casado ha tomado buena nota de ello y previsiblemente destituirá al asesor tradicional del PP, Pedro Arriola, tanto de Aznar como Rajoy, y autor de la conocida frase “todos los frikis acaban planeando sobre Madrid” en unas de las escasas intervenciones públicas mantenidas por un asesor de tal nivel. Su salida quedaría escenificada en una última cena mantenida con Mariano Rajoy y Sáenz de Santamaría en Santa Pola, pero también en el progresivo cambio de discurso de los populares desde la entrada al liderato de Pablo Casado. El conservadurismo de fuerte tono constitucional ortodoxo y perfil bajo deja paso a un cambio de rostro que todavía queda por concretar. Las batallas del bipartidismo no sólo se juegan ante el gran público. Todavía queda por ver quién será Kárpov y logre ganar en el tablero.

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